No sé quien ha escrito la reseña de prensa de Un pozo lleno de anzuelos —tercera referencia de Esquelas (Alberto Fernández y Andrés Satué) que publica Bestiarie, casa de discos que desconocía y que ha tenido la deferencia de comunicarse con nosotros— pero, por una vez, es un texto útil, sintético y preciso. «Impregnado de influencias industriales», dice, «síntesis de la electrónica crepuscular y el drone más sereno, pero sin sacrificar el trazo nervioso característico de la banda». Y acierta plenamente, sobre todo en lo del «trazo nervioso». Y es que en cuanto uno se sumerge en el amenazante hermetismo de una banda como Esquelas, en ese viaje extraño (aislante, submarino, desecado a veces, como podría indicar uno de los títulos, «Remover en lo árido»), comienza a notar que no todo es contemplación, ni mucho menos: late allí algo, indefinible, que parece que va a surgir pero se demora. Y en esa tensión está probablemente gran parte del acierto de su nuevo trabajo, o al menos una parte esencial de la personalidad de la banda. Y luego hay canales y palacios, pasajes y estancias; la solemnidad de «Atilano I» que parece vivir en una gruta inmensa y anegada de azul.

La pregunta sería, ¿Quién habita esos lugares? Quizá nadie, aparte del receptor y el emisor. O quizá sí. Todo el transcurso, en fin, rezuma esa capacidad para crear espacio y misterio, ese algo mineral pero vivo que bulle, finalmente, mientras en el último track se van acumulando percusiones hacia la superficie, hacia la luz. Clase de buceo por ruinas desconocidas, Un Pozo lleno de anzuelos es altamente recomendable, sospecho, no sólo para aquellos que transitan habitualmente por estos terrenos sonoros aparentemente inhóspitos y en realidad tan ricos, sino para cualquiera sin prejuicios que pretenda un viaje interior: descender, aislarse del ruido mundano, empezar a percibir otras cosas en la soledad inducida. En el silencio y la oscuridad.

Merece la pena mencionar que junto a este soberbio trabajo, Bestiarie ha pues-to también en circulación Forged at the Anvil of Betrayal, de Piwi Bizarre Tech, proyecto unipersonal del coruñés Alfredo Iglesias. Mucho más apocalíptico y barroco que lo de Esquelas, ocupando casi el punto opuesto del espectro y quizá más comprensible por quien venga el ambiente del metal extremo, el trabajo merece más de una escucha. La merece y la necesita, además, si se quiere apreciar bien su preciosismo de corona enjoyada y abandonada entre la ceniza. Quizá uno de los elementos más destacables por lo inhabitual en la sopa de la actualidad sea que su desarrollo parece más discursivo que circular, aunque no por ello menos evocador o menos opresivo. Paisajismo épico.


G. POWERS

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